martes, 8 de junio de 2010

Maneras de perder


El domingo estuve en el cine viendo el documental chileno El poder de la palabra, de Francisco Hervé. Cuenta cómo el proceso de modernización del sistema de transporte urbano de Santiago de Chile conllevó la prohibición de la venta ambulante y la música en vivo en los autobuses; por ese motivo, los vendedores y músicos afectados se organizaron en un sindicato; su propósito era seguir ejerciendo su actividad y, para ello, emplean las mismas armas que utiliza la novísima empresa de transportes: se equipan con un uniforme, se imponen unas normas, aprenden oratoria… Desde el primer momento, no obstante, se masca el fracaso en la negociación. La causa es noble; los esfuerzos, hercúleos; pero, al final, la lucha no sirve de nada. Y lo peor es que los protagonistas no se dan cuenta, y eso resulta penoso para el espectador.

Me acordé entonces de la actitud de Soderling durante la final del Roland Garros contra Nadal. Dándose cuenta de que sus opciones eran ínfimas, la expresión del sueco, entre punto y punto, parecía decir ostensiblemente que no es un iluso. “No voy a tirar la toalla, pero sé mejor que nadie que la guerra está perdida”, parecía pensar. Anticipar el fracaso abiertamente es, en el fondo, un mecanismo de autocortesía que pretende salvar la dignidad propia en el naufragio.

¿Hay una manera virtuosa de perder? (No vale, claro, cuando uno se deja ganar, cuando pierde por los pelos o cuando el otro ha hecho trampas).

Imagino que sí: percibiendo la realidad tal como es, como hizo Soderling: “Cuando [Nadal] juega así, realmente hay que tener un buen día para ganarle, lo que no ha sido mi caso”. Por eso estoy tan molesta con el director del documental chileno: porque sus vendedores y sus músicos son buena gente, pero ilusos sin un ápice de conciencia realista de sus posibilidades, sin la mínima capacidad de vislumbrar el fracaso.

Al final, siempre resulta patético haberse hecho falsas esperanzas. El cartel de la película reza "Los vendedores ambulantes reciben clases de marketing". Me hubiera gustado que alguno de ellos hubiera enviado el marketing y el coaching al mismísimo carajo.

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